Cambiando Vidas

Diagnosticar la Mielofibrosis: ¿Cómo estar seguros?

La Mielofibrosis es una enfermedad de difícil diagnóstico y puede resultar en un viaje largo antes de estar seguros que esta es la patología que presenta el paciente… Pero ¿Por qué es tan difícil? ¿Cómo se diagnostica? Cambiando vidas explica esto, ya que sabemos que conocer mejor de la enfermedad ayuda al paciente a enfrentarla ante los diagnósticos médicos y comenzar a tomar el control de la misma.

La Mielofibrosis no presenta síntomas evidentes en su primera etapa, el paciente suele tener fatiga y variaciones en las células de la sangre, por lo que puede ser asociado con otras enfermedades más comunes. Es por esto que el médico debe realizar una serie de evaluaciones a partir de este punto para diagnosticar correctamente al paciente:

Examen físico e historial médico

Una persona, sobre todo mayor de 60 años, debe contar con la información detallada de su historial médico: si ha padecido de enfermedades autoinmunes, hepáticas u otras; además de los distintos eventos que haya registrado durante su vida; esto junto con un examen físico será clave para que el médico tenga un panorama sobre las posibles patologías que podría sufrir el paciente en el momento.

Cuadro hemático completo

Este examen es recomendable que sea evaluado por el médico tratante y por un hematólogo especializado, ya que se podrá comprender mejor el alcance e implicaciones que tiene cada valor de las células sanguíneas del paciente y relacionarlo con su historial médico para determinar si existe la posibilidad que tenga Mielofibrosis.

En dado caso que el paciente tenga probabilidades de padecer de Mielofibrosis, se deben realizar dos exámenes claves para el diagnóstico definitivo:

Biopsia de la médula ósea
Se obtiene una muestra de médula ósea, sangre y hueso, para evaluar la presencia de células anormales y la producción de las células sanguíneas normales.

Prueba molecular

Esta última prueba sirve para completar el diagnóstico y establecer el pronóstico a largo plazo, ya que una vez se tiene el panorama actual del paciente y la evaluación de su médula ósea, con este estudio que se realiza en una muestra de sangre se puede saber si la persona presenta la mutación característica de la enfermedad.

Estas pruebas se realizan a medida que el médico y el hematólogo tratantes lo determinan, ya que con síntomas tan comunes en su primera etapa, se deben descartar otra serie de enfermedades que puede padecer el paciente y sólo una vez que se está 100% del diagnóstico, es que se puede comenzar un tratamiento adecuado para la Mielofibrosis y así evitar su avance acelerado.